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Cuando se descansa en el desierto

LOS CASTILLOS DEL DESIERTO.

La inclemencia del desierto obligó a los Omeyas a construir en sus rutas hacia Damasco castillos, caravasares, palacios o lugares de avituallamiento sin superar distancias mayores a 22 kilómetros, que era el trecho que podían recorrer al día sus camellos. Algunos de los castillos que aún perduran en el desierto proceden de los siglos VII y VIII, aunque algunos sustituyeron a las construcciones romanas y nabateas que, previamente, cumplían funciones parecidas, es decir, vigilancia, descanso y esparcimiento para militares, mercaderes o mandatarios.

– QASR AL-AZRAQ: El castillo de Al-Azraq («castillo azul») es inconfundible por su piedra negra de basalto y su imponente presencia. Azraq es famoso gracias a que Lawrence de Arabia lo utilizó como morada durante la Revuelta Árabe contra los turcos otomanos. Muchos siglos antes, los romanos ya se encontraron el lugar habitado por nabateos y dejaron sus huellas en él, (como unas pesadas puertas que delimitan la entrada al castillo).

Los bizantinos lo renovaron por orden de Constantino, que deseaba proteger las rutas comerciales entre Siria y el Mar Rojo. El califa omeya Walid II se apropió de él para organizar cacerías de asnos salvajes, pero tampoco relegó su función militar. Los ayubíes transformaron algunas dependencias en mezquita, los mamelucos lo ocuparon en tiempos de Cruzadas (siglo XIII), y posteriormente, los omeyas se instalaron en él y le fueron dando la forma que actualmente presenta. En el año 1917, Lawrence de Arabia, liderando los rebeldes beduinos junto con el príncipe Faysal, usó el castillo como cuartel general para combatir al ejercito turco.

Después de tantos siglos de contiendas, el castillo cedió ante el azote de un terremoto en el año 1927. Su gran patio conserva estancias tan variopintas como la mezquita, la antigua cárcel o los comedores. Un altar romano del siglo III, el pozo de agua y la torre del muro oeste resaltan junto a las pesadas puertas de basalto negro.

– QUSAIR ‘AMRA: Qusair ‘Amra («pequeño castillo rojo») fue construido a principios de siglo VIII, (probablemente entre 711 y 715), por el califa omeya Walid I, en la época de expansión de la dominación islámica en esta región. El castillo presenta uno de los ejemplos más notables del primer arte omeya y de la arquitectura islámica.


Fue utilizado como lugar de veraneo por el califa o por sus principes para el deporte y el placer. Se recubrió por frescos que describen escenas de caza (de mamíferos ya extintos en Oriente Próximo por el exceso de caza), frutos y mujeres.

La primera sala que se ve al atravesar la puerta es la de audiencias, adornada con sorprendentes frescos dada su temática. Con la desaparición de los omeyas y el inicio de la dinastía abasí quedarían prohibidas todas las imagenes humanas decorativas en el mundo musulmán, por lo que estos frescos son un excaso ejemplo de representación figurativa musulmán. Los frescos, de influencia helenística, representan elegantes ropajes, episodios de caza, mujeres desnudas, victorias militares, e importantes gobernantes. El fresco de los Seis Reyes conserva a cuatro líderes del entonces mundo conocido, un emperador bizantino, un rey visigodo, un mandatario persa y el negus de Abisinia.

En la zona de baños, aparece un sistema termal dividido en tres partes, que testimonia una influencia romana. El apodytherium se presenta en primer lugar, y servía de vestidor. El tepidarium era una sala de reposo en la que se mantenía la temperatura ambiente, mientras qaue la tercera estancia, reconocible por su cúpula con un mapa astrológico, era el caldarium de aguas calientes y zona de baños, recubierta de mármol. Otras dos habitaciones conservan mosaicos en el suelo.

 

El aspecto exterior del qusair también aporta pistas sobre las influencias arquitectónicas que los omeyas adquirieron de sus antecesores. Este castillo constituye un buen ejemplo de la arquitectura residencial de recreo y diversión furtiva, alejada de los centros de poder religiosos, denostada por las dinastías que fueron sucediendo a la primera, la omeya. En la actualidad, el castillo ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1985.

– QASR KHARANA: Construido hacia el año 710, a principios de la dinastía omeya por el califa Walid I, es un importante ejemplo del primer Arte Islámico y su arquitectura. Existen inscripciones griegas que atestiguan la presencia previa de alguna construcción bizantino o romana.

Un patio interior rompe la impresión de hermetismo que ofrece al exterior. Su forma sobria y simétrica hace pensar, con cierta lógica, que sirvió como caravasar para caravanas de mercaderes, idea reforzada por los aposentos y las cuadras para los camellos.

Sin embargo, un hecho rebate la conjetura de caravasar, y es la ausencia de un oasis. Además, los omeyas no contaban con ninguna ruta comercial por esta comarca, lo que ha llevado a pensar que podría tratarse de un espacio reservado para reuniones y encuentros entre mandatarios de los alrededores. Las estancias de la segunda planta, más decoradas, harían la función de salas de juntas. A ellas se accede desde el patio interior. El estado de conservación es bastante bueno. En la actualidad, Kharana está aislado, en mitad del desierto. La localidad más proxima está a varios kilómetros al norte, 12 al sur, y 30 hacia el oeste.

~ by lostonsite on 4 noviembre, 2008.

Jordania, Viajes

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