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Cuando se encierra el arte

MUSEO EGIPCIO DE EL CAIRO.

El Museo Egipcio de El Cairo custodia la mayor colección de objetos de la época farónica del antiguo Egipto, con más de 120.000 objetos clasificados.

El primer paso hacia la creación del Museo Egipcio tuvo lugar en 1835 cuando Mohammed Ali decidió poner término al saqueo indiscriminado de los enclaves arqueológicos de Egipto. A su vez, ello condujo a la fundación del Servicio de Antigüedades y a una colección permanente de objetos de arte en la capital. Sin embargo, durante 23 años las primeras colecciones fueron poco más que almacenes de piezas en lugares dispersos, hasta que la iniciativa de Auguste Mariette estableció oficialmente el Servicio de Antigüedades en 1858 con el propósito de descubrir y conservar los monumentos antiguos. Mariette dedicó su vida al museo hasta su fallecimiento en 1881. El edificio que alberga el Museo fue diseñado y construido por el francés. Posee dos alturas con aproximadamente un centenar de salas dispuestas en torno a un atrio central y amplios sótanos para almacenar los numerosos hallazgos que siguen llegando de todo el país. Entre las numerosas obras de arte guardadas por el museo, la exhibición del ajuar funerario encontrado en la tumba de Tutankamon (descubierta en 1923 por Howard Carter en el Valle de los Reyes) y de los magníficos sarcófagos de plata encontrados en la necrópolis real de Tanis le hicieron rápidamente merecedor de fama en todo el mundo. El traslado de las colecciones a la ubicación actual del museo se inició en marzo de 1902, organizándose una ordenación cronológica en la planta baja y por tipos de objetos en la primera planta.

– Períodos protodinástico y predinástico: El largo período de gestación de la civilización egipcia sigue siendo díficil de reconstruir debido a la falta de comunicación y al carácter fragmentario de la evidencia arqueológica. Con el paso de los milenios, la inundación anual del Nilo y sus cambios de curso enterraron los lugares más antiguos.
La transición desde el Paleolítico al Neolítico tuvo lugar en Egipto hacia el 5500 a. C. Un aumento inesperado de las precipitaciones en el nordeste africano tuvo como resultado el crecimiento espontáneo de vegetación en zonas áridas, lo que facilitó los asentamientos humanos. El hombre aprendió a domesticar cabras, cerdos, vacas y burros, con una arraigada tradición cazadora pero ya capaz de cultivar la tierra y de producir artículos funcionales. Los artesanos preparaban una amplia variedad de herramientas y ornamentos de perdernal, hueso y marfil, como peines, puntas de flecha, anzuelos y cuchillas.
De este período, el objeto de mayor interés es la Paleta de Narmer, Dinastía 0 (3000 a. C.). Esta paleta votiva representa la anexión del Bajo Egipto por el rey Narmer. No se sabe con exactitud la dinámica de los sucesos que condujeron al gobierno de Egipto por un único monarca, y sólo cabe tener una idea fragmentaria del contexo político en el que vivieron los gobernantes de la llamada Dinastía 0.

– El Reino Antiguo (2700 – 2200 a. C.). Lo integran las dinastías III, IV, V y VI. El Imperio Antiguo fue un periodo de conquistas políticas y culturales que hizo del estado egipcio el más rico y poderoso de la época. El legado de las dos primeras dinastías se confirmó y legitimó en todos los ámbitos por medio de un rico compendio de mitos que iban a trazar las directrices de la ideología faraónica en tiempos venideros. En el centro estaba el faraón, cuya doble naturaleza (humana y divina) garantizaba el orden en la tierra y armonía en el cosmos. Djoser, primer rey de la Dinastía III, fue emblemático en esta concepción casi mística de la realeza. Trasladó la capital del país a Menfis, situada estratégicamente en la frontera entre los dos Egiptos, y creó un nuevo tipo de tumba real en Saqqara. El uso de la piedra hizo la estructura duradera y su forma realzaba la distancia entre el rey y sus súbditos. Las siguientes construcciones intentaban sintetizar un nuevo concepto ideológico, llegando a la Gran Pirámide de Jufu (Keops).
La vida más allá de la muerte tenía su base en la existencia terrenal. Los muros de las tumbas se construían al modo de casas corrientes y estaban decoradas con escenas vividas de los difuntos. Sin embargo, para sobrevivir al viaje, el difunto necesitaba alimento y bebida, ropas y ungüentos.
La iconografía usada en la representación de la figura humana trascendía los rasgos físicos del individuo con el propósito de situarlo en una posicón atemporal, estéticamente perfecta. El uso de la perspectiva ni siquiera se contemplaba, pues se subrayaba la esencia, y no la forma de las cosas.
De este periodo destacan las Tríadas de Menkaure (Micerinos), que reflejan la idea clásica de la escultura cortesana, en la que la naturaleza humana del faraón se transfigura en una dimensión divina.

– El Reino Medio (2040 – 1795 a. C.). Comprende la segunda parte de la dinastía XI y la dinastía XII. Tras los sobresaltos del Primer Periodo Intermedio, el soberano buscó un retorno al orden y a un poder fuerte y centralizado. En los comienzos de la Dinastía XII, el faraón Amenemhet I supervisó una fase del “renacimiento” de Egipto, una completa renovación después de una época de quiebras. La Dinastía XII rigió una época de gran actividad y renovación reflejada tanto dentro como fuera del país. El último gran gobernante del Reino Medio fue Amenemhet III, periodo de gran esplendor con el control detentado sólidamente por el rey. Amenemhet III encargó numerosas estatuas en las que se hizo un serio intento de caracterizar al individuo. El fin del Reino Medio se perdió en la lista de muchos reyes de la Dinastía XII que fueron incapaces de proteger las fronteras del país y de mantener el orden interno.
La fase conocida como Segundo Periodo Intermedio abre una nueva era histórica díficil de entender, donde el país volvió a dividirse en los dominios de numerosos amos diferentes. Esta crisis del poder central llevó a que el rey dejara de ser visto como un dios y apareciese un nuevo centro religioso, la ciudad de Abydos. Abydos se convirtió en el centro sagrado, y la peregrinación a la ciudad sagrada se convirtió en una obligación esencial para alcanzar la vida eterna. La crisis en el poder central dieron origen a la experimentación con nuevas formas de expresión que se asentaron durante fases de mayor estabilidad política.

– El Reino Nuevo (1550 – 1070 a. C.). Lo componen las dinastías XVIII, XIX y XX. Fue uno de los períodos más florecientes en términos políticos y artísticos. La nueva fase histórica comenzó con la reunificación de Egipto frente a la amenaza de los invasores hicsos. Los primeros faraones de la dinastía XVIII fueron reyes guerreros, aspecto que se plasmó en el arte de este período. Los reyes son casi siempre mostrados en campaña con un acento situado en su fuerza física y su valor como protectores de Egipto. El poder real en el Reino Nuevo se extendía asimismo a la figura de la esposa principal del faraón (la “Gran Novia Real”), la única que podía dar un heredero al trono. Esto permitió que apareciese la primera gran reina-faraón Hatshepsut. Fue una figura clave que ordenó construir numerosas edificaciones, sin impulsar grandes aventuras militares. Tras su muerte, Tutmosis III hizo alteraciones en todas las obras impulsadas por Hatshepsut en un intento de erradicar su memoria.
Durante el reinado de Amenhotep IV  (1346 – 1350 a. C.) se inició una nueva reforma religiosa. Junto con su mujer Nefertari, hizo construir una serie de edificios sagrados dedicados al nuevo dios Atón. La coexistencia con los poderosos sacerdotes de Amón se hizo cada vez más difícil. Amenhotep decidió cambiar su nombre por Akenatón (“luz de Atón”) para subrayar sus relaciones fundamentales con el dios y, en consecuencia, anunció su abandono definitivo del culto a Amón. Sin embargo, tras su fallecimiento, el faraón dejó el trono en manos d eun niño de nueve años, Tutankatón, quien cambió su nombre por Tutankamón y restauró el culto a Amón. Se declaró a Akenatón como un rey hereje y maldito, retirándole de todas las listas oficiales de los reyes de Egipto.
Se inició entonces un nuevo periodo con las Dinastías XIX y Dinastías XX, también llamadas dinastías ramésidas. Ramsés II es el más celebrado de los faraones de la Dinastía XIX, dejando un gran testimonio arquitectónico. El énfasis artístico se centró en la glorificación del faraón y pronto condujo a su divinización en vida. Tras su muerte, la autoridad religiosa del faraón comenzó a decaer, apareciendo una serie de problemas políticos y económicos.

– El Tercer Período Intermedio y la Baja Época (1070 – 332 a. C.). Comprende desde la Dinastía XXI hasta la Dinastía XXXI.
El Tercer Periodo comenzó con el cierro del Reino Nuevo al final de la Dinastía XX, aunque durante los reinados de los tres últimos Ramsés ya se aprecian signos de crisis política y militar. Egipto se vio dividido en dos unidades políticas, una dirigida desde Tanis, y otra desde Tebas. Ambas eran gobernadas por dinastías de origen libio, independientes entre sí, y en muchos casos rivales.

La Baja Época se inicia con la dinastía Saíta (Dinastía XXVI) hasta la conquista de Alejandro Magno (que da inicio al Periodo Helenístico de Egipto). Las causas de la caída de Asiria se debió al desgaste del ejército que tenía que enfrentarse a enemigos distantes que ofrecían tenaz resistencia. La conquista de Alejandro Magno no fue muy complicada. A Alejandro le impresionó la cultura del antiguo Egipto. Los grandes vestigios que vía por doquier le cautivaron hasta el punto que quiso faraonizarse como aquellos reyes míticos. En Karnak, por ejemplo, existe un relieve haciendo ofrendas al dios Amón.

– El Período Grecorromano (323 – 30 a. C.). Periodo que comprende entre la muerte de Alejandro Magno y la de Cleopatra y Marco Antonio tras su derrota en la Batalla de Accio.
Alejandro Magno derrotó a los persas y se coronó faraón en Menfis. Tras su muerte, uno de sus generales, Ptolomeo tomó posesión de Egipto. Ptolomeo y sus descendientes gobernaron Egipto durante 270 años. Se presentaron ante los habitantes como faraones, pero nunca perdieron su identidad como helenos. Las dos tradiciones artísticas, helenística y egipcia, mantuvieron sus identidades diferenciadas y nunca alcanzaron una expresión combinada, pese a las frecuentes influencias recíprocas. Los antiguos dioses se conservaron, pero se crearon también nuevos cultos sincréticos, en un intento por integrar el antiguo credo faraónico con las tradiciones religiosas griegas.

Los lágidas dieron al país un período de gran prosperidad, pero en el siglo II a. C. se inició un lente declive político y económico, acompañado de revueltas sociales y luchas dinásticas. Los romanos se aprovecharon de esta debilidad, y Octavio en el año 30 a. C. conquistó Egipto y lo convirtió en una prefectura, poniendo fin a la independencia del valle del Nilo.

– El Tesoro de Tutankamon: Las creencias religiosas de los egipcios prescribían que había que enterrar a los muertos con un conjunto de objetos personales y rituales que podrían necesitar en el Más Allá. Las tumbas de los muertos eran a menudo receptáculos de tesoros de incalculable valor, e inevitablemente se convirtieron en objetivo de los ladrones desde tiempos antiguos. Encontrar una tumba intacta con su ajuar funerario es algo insólito. Por ello, el descubrimiento de Howard Carter en 1922 de la única tumba real del Reino Nuevo que se conservaba prácticamente intacta, fue un hecho de gran magnitud.
Se trataba de la tumba de Tutankhaten (“imagen viva de Aton”), faraón de la última fase del Periodo de Amarna. Ascendió al trono hacia el año 1336 a. C. a la edad de ocho años. Contrajo matrimonio con la joven Ankhesenpaaten (“la que vive para Aton”), hija de Akenaton y Nefertiti, para legitimir el derecho de sucesión. Los jóvenes novios reinaron bajo la guía del general del ejercito Horemheb y Ay, iniciando una reconciliación con el ofendido clero de Amon tras las reformas religiosas propugnadas por el faraón Akenaton. Se restauraron los cultos tradicionales a Amon, rechazando el culto a Aton, y Tutankhaten y Ankhesenpaaten cambiaron sus nombres a Tutankamon y Ankhesenamon. La corte se trasladó a Menfis abandonando la ciudad de Amarna en el desierto. Tutankamon murió probablemente de forma inesperada tras nueve años de reinado. No se sabe con certeza la causa de su muerte, aunque se han postulado algunas conjeturas: tumor cerebral, una enfermedad pulmonar, e incluso el asesinato ya que una autopsia reveló en 1968 que el joven rey había sufrido un fuerte golpe en la cabeza en un cierto momento. Tutankamon murió sin heredero, quedando la sucesión en manos de Ay.

~ by lostonsite on 3 noviembre, 2008.

Egipto, Viajes

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