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Cuando los nobles se hicieron sus tumbas

ALDEA DE LOS ARTESANOS. DEIR EL MEDINA.
TUMBA DE LOS NOBLES SENNEDJEM (TT 1) E INHERKHAU (TT 359).

Durante el Imperio Nuevo (entre 1550 a. C. hasta 1070 a. C.), cortesanos, funcionarios y nobles se hicieron construir fascinantes tumbas privadas en Tebas, desde las que esperaban, como los faraones realizar el tránsito a una gozosa vida de ultratumba.

A partir de la dinastía XVIII, entre los siglos XVI y XIV a. C., Tebas se convirtió en la capital del nuevo y esplendoroso Imperio egipcio. El origen dinástico de la monarquía quedó ligado a la ciudad, donde los faraones decidieron recibir sepultura y reposar para la eternidad. Así, en la orilla oeste del Nilo -el Occidente, la tierra de los muertos- se erigió la gran necrópolis real del Valle de los Reyes. El ejemplo de los reyes fue seguido por sus innumerables cortesanos, que también quisieron que se les inhumara en la misma zona para poder gozar de la compañía de sus señores en la eternidad. Con el tiempo se fueron formando varias necrópolis diferentes pero próximas entre sí, que terminaron por convertir las laderas de la orilla occidental de Tebas en un verdadero laberinto de tumbas de todos los tamaños.

Estas tumbas se tratan de hipogeos (sepulcros excavados en la roca), decorados con relieves o pinturas murales que se encuentran entre los más logrado de la creación artística del antiguo Egipto. Surgió entonces un tipo de enterramiento real muy característico, la tumba saff. Su estructura consiste en un gran patio en la ladera de la colina, delimitado con muros, en cuyo extremo occidental se halla la tumba excavada. Ésta está formada por una serie de pilares tallados en la pared rocosa, que hacen que la fachada aparente tener multitud de puertas. Por detrás de los pilares discurre un sencillo corredor sin decoración al que se abren varias pequeñas habitaciones, una de las cuales contiene el pozo funerario. Éste fue el punto de partida del tipo de tumba que se convertiría en estándar, la tumba en planta de T invertida.

Las típicas tumbas que se hacían construir los nobles del Imperio Nuevo en Tebas seguían aproximadamente la misma estructura de tres niveles distintos. Un primer nivel situado por encima de la fachada de la tumba, una superestructura que, avanzado el Imperio Nuevo, adquirió la forma de una pequeña pirámide de ladrillo. Un nivel medio que representaba un punto de contacto entre el reino de los vivos y el de los muertos. En él se celebraban los rituales y las ceremonias que permitirían al fallecido gozar de una vida plena en el Más Allá.
En el nivel inferior se situaba la cámara funeraria, excavada a gran profundidad, donde se depositaba el ataúd con los restos mortales del propietario de la tumba. El nivel inferior se situaba en el Duat, el más allá, donde Osiris era soberano. Era por tanto, el mundo de los muertos.

Para los egipcios, el monumento funerario servía para preservar la memoria de la persona enterrada en él. El tamaño de la tumba, las escenas y los textos elegidos para decorar las paredes eran un medio muy efectivo de recordar quién había sido el difunto en la sociedad en la que le tocó vivir y cuáles fueron sus éxitos como persona al servicio del rey. La decoración de las paredes de la tumba presenta particular importancia, pues para los egipcios todo lo que se representaba por escrito tenía la capacidad de recobrar la vida, de volverse real, cada vez que era leído. Por ello, en la tumba se representaban escenas de todo tipo que garantizaran la existencia del dueño del hipogeo. En general, en las tumbas de los nobles del Imperio Nuevo se pueden encontrar escenas de la vida cotidiana, la ceremonia del enterramiento, de la apertura de la boca, la caza en los pantanos… etc.

Las escenas de la vida diaria tenían relación con la profesión del propietario de la tumba. En las sepulturas aparecen desde escenas agrícolas hasta talleres de artesanos a cargo del fallecido dedicados a todo tipo de actividades. Las tumbas de los nobles eran por completo distintas a las de los monarcas egipcios enterrados en el cercano Valle de los Reyes. La principal diferencia estribaba en que, en el caso de los faraones, el lugar donde reposaba el cuerpo momificado del difunto y aquel donde tenía lugar su culto funerario estaban separados físicamente el uno del otro. Con ello se intentaba evitar que las tumbas fueran saqueadas como ocurrió durante los Períodos Intermedios, cuando fueron saqueadas las grandes pirámides de los Imperios Antiguo y Medio. De este modo, la momia se sepultaba en el Valle de los Reyes mientras que el culto funeraria tenía lugar en un grandioso templo de piedra construido justo en el límite del desierto.

La mayor diferencia entre las tumbas reales y las nobiliarias se manifiesta en la decoración mural. Los faraones no incluyeron escenas de la vida cotidiana. Ellos eran entidades casi divinas en sí mismos, los únicos que tenían la capacidad para comunicarse con el mundo de los dioses y actuar como intermediarios entre éste y el mundo de los humanos. Por esta razón, su supervivencia eterna era de la mayor importancia para los egipcios. Esto se refleja en la decoración de sus tumbas, basadas en diferentes tipos de textos funerarios, el más conocido de los cuales es El libro de los muertos. La representaciones van desgranando una sere de consejos que le permitirían atravesar sin problemas el inframundo, así coo alcanzar y superar el juicio de Osiris. La finalidad de las tumbas, eso sí, era la misma en todos los casos: garantizar con éxito el paso del mundo terrenal a la gozosa vida de ultratumba.

– LA TUMBA DE SENNEDJEM.

Al pie de la montaña tebana, oculto tras una colina, se hallaba el poblado de Deir el-Medina, donde vivían los trabajadores encargados de excavar y decorar las tumbas del Valle de los Reyes. Sus habitatantes se enterraron al lado del poblado, en tumbas decoradas por ellos mismos con pinturas de excepcional calidad.
La tumba de Sennedjem fue descubierta a fines del siglo XIX. El hipogeo se encontró intacto, incluida la puerta de madera pintada que impedía el acceso a sus estancias profusamente decoradas. El efecto de las esenas, todas sobre fondo amarillo, resulta impresionante. En ellas podemos ver representados al difunto y a su esposa, además de paisajes del otro mundo. En el interior se hallaron las momias de Sennedjem y de una docena de sus familiares, incluida su esposa, sus hijos y sus nietos.

Sennedjem fue un sirviente en el Lugar de la Verdad en el oeste de Tebas durante la XIX Dinastía. Se trata de una tumba de planta típica, con un patio que permite el acceso a tres capillas, y rematadas por un piramidón.
En la decoración interior aparecen escenas cotidianas, como Sennedjem y su esposa realizando labores agrícolas, como la siega de espigas de trigo o atando las plantas de lino para que posteriormente sea recogido. También está representado Osiris, dios de la muerte y la resurreción, junto con Anubis, juez de los Muertos, que está embalsamando y convirtiendo en momia a Sennedjem. En el techo está representada la barca solar de Re que recorre el cielo en compañía de cinco figuras humanas y el ave Benu, el ba (alma) de Re.

– LA TUMBA DE INHERKHAU.

Inherkhau era capataz maestro, jefe de los trabajadores del poblado de Deir el-Medina. Perteneció a la XX Dinastía, durante el reinado de Ramsés III y Ramsés IV.
La tumba de Inherkhau tiene una estructura y distribución especiales con dos estancias principales unidas por un corredor.

~ by lostonsite on 29 octubre, 2008.

Egipto, Viajes

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