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Cuando el piano suena a romanticismo

LARS VOGT

Auditorio Nacional. Martes 14 de Octubre, 2008

ALBAN BERG (1855 – 1935):
– Sonata, op. 1 (1911)

FRANZ PETER SCHUBERT (1797 – 1828):
– 3 Klavierstücke, D946, op. post. (1828)
Nº 1. Allegro assai (Mi b Mayor)
Nº 2. Allegretto (Mi b Mayor)
Nº 3. Allegro (Do Mayor)

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FERENC LISZT (1811 – 1886):
– Sonata en si menor (1857)

(BIS)
– Nocturno en Do# menor, op. post. Chopin

OCHENTA AÑOS DE PIANO ROMÁNTICO.

BERG: SONATA, OP. 1
Tras componer Tres piezas para orquesta op. 6, Alban Berg dejó de usar los números opus para sus composiciones, ya que comenzaba a darle vergüenza que, siendo ya un compositor maduro, los números de su catálogo fueran tan escasos. Sin embargo, Berg representa un caso excepcional, porque en toda su producción no hay apenas obras menores, ocasionales o de circunstancias, algo que muy pocos compositores pueden acreditar.
Berg ya había escrito numerosas obras antes de asignar el opus 1 a una de sus obras en 1908. Esto supuso la manifestación simbólica del final de sus estudios con Schoenberg. La única gran obra pianística de Berg fue estrenada en un concierto de alumnos de Schoenberg el 24 de abril de 1911. Escrita en un solo movimiento y organizada en la llamada Forma de Sonata, su intensidad de la expresión y discurso queda definida en complejos procesos de tensión y distensión.
Adorno definió a Berg como «el maestro de la transición mínima». Con ello quería señalar uno de los rasgos más característicos de la técnica de Berg, su tendencia a unir las diferentes secciones de sus composiciones transformando gradualmente una configuración musical paso a paso hasta que deviene otra idea muy diferente. Como consecuencia, los procesos estructurales de la música de Berg son de una lógica muy clara, renunciando a los contrastes más inmediatos entre partes diferentes.
La Sonata de Berg es una obra anterior a los primeros intentos atonales de Schoenberg. Se trata de una obra en si menor, pero esto no quiere decir que esté escrita en el lenguaje de la tonalidad tradicional. Más bien hay que tener presente el lenguaje armónicamente tan complejo de obras de Schoenberg como la Noche transfigurada. En la sonata de Berg, los acordes tradicionales pueden encontrarse sólo en contadas ocasiones.
A pesar de que la Sonata sea reconocida como primera obra de su carrera de compositor, es una pieza digna de figurar entre las obras maestras de su madurez y una de las contribuciones más grandes de la Escuela de Viena al repertorio pianístico.

SCHUBERT: 3 KLAVIERSTÜCKE, D946
En el último año de su vida Schubert compuso grandes obras, como sus extraordinarias tres Sonatas finales, la Fantasía para piano a cuatro manos en fa menor, la segunda parte del Viaje de invierno, las canciones recopiladas después bajo el título El canto del cisne o el Quinteto en do mayor, entre otras obras.
Además de aquellas grandes composiciones para piano, Schubert escribió los 3 Klavierstücke, D946, tres piezas para piano con la intención de formar una nueva colección parecida a las de los Impromptus del año anterior. Estas tres obras del mes de mayo de 1828, no fueron conocidas hasta cuarenta años más tarde.

LISZT: SONATA EN SI MENOR

La figura de Liszt suele generar sensaciones encontradas. Las de quienes creen que su música -como su vida- tiene demasiadas notas y los que opinan que es natural que a tal vida tal música y la una y la otra les resultan excitantes. Los que se quedan con el sentimental y revolucionario, enamorado y escandaloso observador de los paisajes de la Europa que recorre o los que prefieren al impresionado por Lamennais o al último, más progresivo aún, según ellos, que ese yerno que vino a sumar lo que le faltaba a una existencia que termina en «la corte de Bayreuth» -un año antes de que Wagner concluya Parsifal -, ya convertido en el abate Liszt merced a las órdenes menores, no cura pero casi.

Entre 1848 y 1861 Liszt vivió en Weimar, contratado como kapellmeister. Weimar era una ciudad de poco más de diez mil habitantes pero era también la ciudad de Goethe y Schiller regida por unos grandes duques -Carlos Augusto y su sucesor Carlos Alejandro- dispuestos a mantener su reputación de Atenas del Norte. Era un momento en el que su carrera como pianista -el más famoso y el de mayor éxito de su tiempo- le había llevado a un agotamiento excesivo, seguramente no aminorado por los líos familiares resultantes de la separación de Marie d’Agout a los que seguirían luego otros nuevos con el divorcio de Carolyne von Wittgenstein. Y también unos días en los que le atrae ser director de orquesta y, sobre todo, componer más. Se habla a menudo de que ese anhelo weimariano por componer implica ir hacia una creación menos comprometida con el virtuosismo pianístico, lo que no deja de ser inexacto a la vista de lo compuesto hasta entonces. Ambas vertientes de su genio se darán cita en la Sonata en si menor, que terminará, según señala el propio manuscrito de la misma, el 2 de febrero de 1853.

Si se considera aparte las grandes sonatas de Beethoven y Schubert, la de Liszt es la obra más poderosa de su género en el siglo XIX y la más grande de cuantas diera a luz la plenitud de la época romántica. Ni Schumann, ni Mendelssohn, ni Brahms llegan a la extraordinaria pujanza expresiva -y expansiva- de esta pieza de media hora de duración por la que pasan todos los humores, todas las sensaciones y que. en una interpretación adecuada lleva al oyente literalmente en volandas de principio a fin -y sin solución de continuidad, como la pieza misma.

La Sonata en si menor es una de sus obras más prestigiosas gracias a su estructura, su inspiración melódica y su imaginativa escritura instrumental. La Sonata sugiere caracteres dramáticos y atmósferas poéticas de manera muy persuasiva. Se integra en la Forma de Sonata (propia de un solo movimiento) con la organización del ciclo de una obra completa del mismo tipo en varios movimientos. Es usada por Liszt de una manera muy original e imaginativa, teniendo a su vez una importante influencia en compositores posteriores, como por ejemplo Schoenberg.

La estructura de la Sonata de Liszt es extraordinariamente individual y compleja, al igual que el tratamiento de temas. Es una de las manifestaciones más deslumbrantes de su técnica de transformación temática. Los elementos temáticos fundamentales de la obra no son más de cinco o seis, pero un mismo perfil melódico básico puede dar lugar a ideas musicales muy diferentes.

La sonata está dedicada a Schumann, que no llegó a leer la partitura, publicada en la primavera de 1854, ni mucho menos a escuchar la obra pues ya estaba entonces en la casa de salud de Endenich. A su mujer, Clara, no le gustó nada en absoluto, la despreció duramente -como da fe su diario- y, por descontado, no la incorporó a su reperterio. Por sus palabras, parece claro que no la entendió, pero no fue la única. No olvidemos que su círculo, el de su amigo Brahms también, vivía distanciado del carácter de Weimar y lo que significaba esa «nueva música» que allí se trataba de armar y que no sería, a la postre, tan nueva en relación con ellos mismos.

Dada la personalidad de su autor, la Sonata en si menor, ha generado, a veces, una disparatada sarta de explicaiones extramusicales que han querido ver en ella un retrato de Fausto -con Margarita y Mefistófeles incluidos-, un recorrido autobiográfico del propio autor, la lucha entre lo divino y lo diabólico según El paraíso perdido de Milton y hasta una alegoría del Jardín del Edén en el que los distintos temas representan a Dios, Lucifer, la serpiente, Adán y Eva. Como recuerda su biógrafo Alan Walker, el compositor, por su parte, no dijo prácticamente nada al respecto y, además, se limitó a dar su obra un título aséptico. Sí es importante, sin embargo, como lo han hecho los mejores comentaristas lisztianos, insistir en la condición arquitectónica de la pieza, en la importancia de sus líneas de fuerza, de sus muros de carga, de sus tensiones y del sólido equilibrio con que todo ello ha de ponerse en pie. Pero quizá lo más trascendental de la sonata, lo que explica también la enorme relevancia técnica de su armazón interno, es lo que tiene de forma que acoge otras formas en su interior. Los temas -seis en principio- se transforman a lo largo de la sonata madre -por así llamarla- y se incardinan en una estructura que se desarrolla según ellos mismos, creciendo hasta que acaba por lucir una reminiscencia cíclica que culmina el colosal edificio. Pero siempre teniendo en cuenta que dentro de cada uno de esos capítulos los temas alcanzarán su propio desarrollo y su particular juego de idas y venidas en un dominio formal de una eficacia expresiva de primer orden.

La Sonata en si menor es una de las más ambiciosas obras maestras de la música pianística del Siglo XIX. A pesar de que Liszt no obtuvo gran éxito interpretándola en persona, las generaciones posteriores de pianistas le han dado un lugar privilegiado en el repertorio más exigente y comprometido (tanto en lo técnico como en lo musical), lugar que no parece que vaya a perder.

LARS VOGT.
Nació en 1970 en Düren (Alemania). En 1990 obtuvo el segundo lugar en el Concurso Internacional de piano de Leeds, y desde entonces ha realizado conciertos y recitales a través de toda Europa, Asia y Norte América. Especialmente conocido por sus interpretaciones de compositores como Beethoven, Mozart y Brahms, así como por su compromiso con la música de cámara. En el 2007 fue nombrado «Pianista residente» en la Filarmónica de Berlín.
Sus grabaciones incluyen conciertos de Schumann y Grieg, los dos primeros conciertos de Beethoven, obras de Mozart para piano solo…etc.
En 1998 fundó su propio festival en Heimbach Alemania, conocido como Spannungen, de gran éxito, recogido en diez grabaciones en vivo.

~ by lostonsite on 14 octubre, 2008.

Conciertos, Música

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