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Cuando los chopos compartieron su colina

PABELLONES GEMELOS DE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
Calle Pinar, 21

Autores:
Proyecto: Antonio Flórez Urdapilleta (1913)
Rehabilitación: Estanislao Pérez Pita y Jerónimo Junquera García del Diestro: (1992-2001)

BIC MONUMENTO (Incoado): 1978

La Residencia de Estudiantes, desde su fundación en 1910 por la Junta para Ampliación de Estudios hasta 1936, fue el primer centro cultural de España que fomentaba el intercambio científico y artístico de la Europa entreguerras. La Residencia estableció su sede en la madrileña Colina de los Chopos, con la intención de ser una casa abierta a la creación, el pensamiento y el diálogo interdisciplinar.

1. Pabellones 1 y 2, A. Flórez, 1913-15
2. Pabellón 3, A. Flórez, 1915
3. Pabellón 4, F. J. de Luque, 1915
4. Pabellón de Portería, A. Flórez, 1915
5. Pabellón 5, F.J. de Luque, 1916-18
6. Vivienda del Director, 1923
7. Centro de Investigación, Lacasa y Sánchez Arcas, 1928-32
8. Instituto Escuela, Arniches y Domínguez, 1931-33
9. Auditorio y Biblioteca, Arniches y Domínguez, 1931-33
10. Escuela y Aulas Jardín, Arniches y Domínguez, 1933-35

Este lugar, que en 1915 Juan Ramón Jiménez poéticamente bautizó como “Colina de los Chopos”, era conocido antiguamente como el Cerro del Viento por su expuesta situación topográfica al norte de la ciudad, hasta que tomó la denominación de “Altos del Hipódromo” por trasladarse a su pie en 1878, y como remate del paseo de la Castellana, el Hipódromo que antes estuvo junto a la puerta de Santa Bárbara, y que aquí permaneció hasta 1932. En él se ubica un interesante conjunto de edificios, cuya historia comienza cuando en 1907, y continuando el ideario de la Institución Libre de Enseñanza, se crea la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas presidida por Santiago Ramón y Cajal.

Después de varios años de mandar profesores y alumnos pensionados al extranjero, se comprende la necesidad de crear residencias para estudiantes en Madrid y se funda un patronato autónomo presidido por Ramón Menéndez Pidal. En 1911 el Ministerio de Instrucción Pública entrega a la Junta los antes mencionados “Altos del Hipódromo”, enclavados en el Parque Urbanizado de la segunda zona del Ensanche. En torno a estos terrenos no sólo se crea un conjunto de edificaciones -rodeados de jardines con proyecto de Winthuysen-, sino también un núcleo cultural con marcadas orientaciones europeístas de vanguardia científica y literaria. En 1916 son adquiridos por el Estado nuevos terrenos detrás de la residencia pertenecientes al conde de Maudes, que tras ser parcelados se adjudican para la construcción del Auditorio y el nuevo Instituto-Escuela.

Pero en 1940 el nuevo Régimen cambia las orientaciones ideológicas, pedagógicas y arquitectónicas del conjunto, que se amplía según otras directrices al encargarse a José Mª Albareda -antiguo becario de la Fundación- la creación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, haciéndose una ordenación de todos los nuevos edificios en torno a una gran plaza o “campus” que se apoya en su lateral norte en los edificios existentes del Instituto de Física y Química y el remodelado pabellón del Auditorio -convertido en capilla del Espíritu Santo- y se articula mediante un eje monumental perpendicular a la calle Serrano.

Otras actuaciones posteriores, como el Polideportivo cubierto o el Centro de Ciencias Medioambientales, van rellenando los espacios libres que aún quedan, a finales de los años cincuenta, en los flancos norte y sur del conjunto.

La Residencia se proponía complementar la enseñanza universitaria mediante la creación de un ambiente intelectual y de convivencia adecuado para los estudiantes. Se propiciaba un diálogo permanente entre ciencias y artes, actuando como un centro de recepción de las vanguardias internacionales. Esto hizo que pronto se convirtiera en un foco de difusión de la modernidad en España, y de entre los residentes surgieron muchas de las figuras más destacadsa de la cultura española del siglo XX, como el poeta Federico García Lorca, el pintor Salvador Dalí, el cineasta Luis Buñuel, el científico Severo Ochoa, entre otros muchos.

Además, acudieron grandes personalidades de la cultura y de la ciencia de la Europa de entreguerras, como Albert Einstein, Paul Valéry, Marie Curie, Igor Stravinsky, Alexander Calder, Walter Gropius, Henry Bergson, Le Corbusier…
Los primero dos edificios -popularmente bautizados como “pabellones gemelos”- de la Residencia de Estudiantes fueron diseñados por Flórez, que en palabras de Bernardo Giner de los Ríos “saca aquí de los pobres elementos arquitectónicos empleadoes el mejor y más bello resultado posible; la pureza de líneas arquitectónicas, la proporción de las masas, el color del ladrillo recocho y la decoración austera hicieron el milagro”. Estos pabellones se basaron en las ideas defendidas por los arquitectos del entorno de la Institución Libre de Enseñanza, que apostaban por una arquitectura de tradición mudéjar basada en principios de la funcionalidad.

Walter Gropius, en una conferencia dada en la Residencia en 1930 sobre lo “funcional” ponía como ejemplo este edificio, diciendo que “las nuevas formas nacen de la esencia de la obra arquitectónica, de la función que la misma ha de cumplir”. Tras la ampliación en una planta de los “pabellones gemelos” durante los años 40 y un largo periodo de maltrato, una paciente restauración concluida en 2000 ha recuperado tanto los edificios como los espacios exteriores y el evocador jardín -cuya plantación dirigió personalmente Juan Ramón Jiménez- que discurría a lo largo del canalillo que atravesaba esa parte de la “Colina de los Chopos”, y en cuyo extremo todavía se levanta el pequeño pabellón de portería exento diseñado por Flórez, que recuerda otro similar del mismo autor en el Casino de la Reina.

. Pabellones Gemelos: Antonio Flórez, 1913-1915

Los primeros dos edificios -popularmente bautizados como “pabellones gemelos”- de la Residencia fueron diseñados por Flórez, que en palabras de Bernardo Giner de los Ríos “saca aquí de los pobres elementos arquitectónicos empleados el mejor y más bello resultado posible; la pureza de líneas arquitectónicas, la proporción de las masas, el color del ladrillo recocho y la decoración austera hicieron el milagro”.

Walter Gropius, en una conferencia dada en la Residencia en 1930 sobre lo “funcional” ponía como ejemplo este edificio, diciendo que “las nuevas formas nacen de la esencia de la obra arquitectónica, de la función que la misma ha de cumplir”.

Tras la ampliación en una planta de los “gemelos” durante los años cuarenta y un largo periodo de maltrato, una paciente restauración concluida en 2000 ha recuperado tanto los edificios como los espacios exteriores y el evocador jardín -cuya plantación dirigió personalmente Juan Ramón Jiménez- que discurría a lo largo del canalillo que atravesaba esta parte de la “Colina de los Chopos”, y en cuyo extremo todavía se levanta el pequeño pabellón de portería exento diseñado por Flórez, que recuerda otro similar del mismo autor en el Casino de la Reina.

. Pabellón Trasatlántico (nº 3). Antonio Flórez, 1915

Concebido por Flórez como un conjunto mixto que combina los dormitorios de las plantas superiores con los laboratorios de la baja y semisótano. Con planta en forma de rectángulo muy alargado, con semisótano, piso bajo acristalado, balconada superior y ático flanqueado por torreones en sus extremos -que le ganaron el sobrenombre de “el Transatlántico”-, presenta una concepción arquitectónica similar a los demás edificios de la Residencia pero con una carga mayor de regionalismo, destacando la galería del piso superior y el bello labrado de la madera en zapatas y aleros.

 

. Pabellones 4 y 5 y Vivienda del Director. F.J. de Luque, 1915, 1916-18 y 1923

Tras la renuncia -nunca completamente explicada- de Flórez, la Residencia de Estudiantes se amplió con otros dos pabellones diseñados por Javier de Luque en el mismo estilo. El primero construido, el nº 4 -llamado popularmente “Central” o “la Casa”-, incluía dormitorios y servicios generales como el comedor, las oficinas de dirección y el salón de actos; mientras que el siguiente, el número 5 y de planteamiento arquitectónico más confuso, estaba destinado a acoger un gran salón de biblioteca junto a más dormitorios, aunque al parecer sirvió también como instalaciones provisionales del Instituto-Escuela, acogiendo en la actualidad, tras una ampliación desconsiderada que desvirtúa el edificio original, los Institutos de Filosofía y de Economía y Geografía del CINDOC, entre otros usos.
A estos grandes edificios se sumó en 1923 otro menor junto a la calle Pinar construido para vivienda del director y promotor de la Institución, Alberto Jiménez Fraud, y que en la actualidad sirve como Centro de Cálculo del CSIC.

. Centro de Investigación. Lacasa y Sánchez Arcas, 1928-32

El año 1927 la Junta para Ampliación de Estudios convoca concurso de proyectos para construir el Instituo de Física y Química que costea la “International Education Board”, de la Fundación Rockefeller. Al concurso se presentan siete proyectos, la mayoría de ellos firmados por arquitectos de las jóvenes generaciones de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid: Santos y Aguirre, Benavent, Íñiguez, López Romero, Guitart, Chumillas y Sánchez Arcas con Lacasa, siendo premiado el de estos últimos.

Es un edificio concienzudamente resuelto, con muy buena textura de ladrillo recocho visto; las ventanas del cuerpo central son rasgadas con arcos de medio punto y el resto adinteladas. En la fachada principal, marcando el acceso, se organiza un pórtico gigante de gran sencillez que recuerda soluciones clásicas pero liberadas de historicismo en el que se deja notar la influencia de la arquitectura de las grandes universidades americanas como mudo homenaje a su patrocinador.

. Instituto Escuela, Arniches y Domínguez, 1931-33

En 1926 son adjudicados a la Junta de Ampliación de Estudios los nuevos terrenos para la instalación del Instituto-Escuela. El proyecto definitivo del pabellón de segunda enseñanza lo realizan Arniches y Domínguez en 1930, teniendo presente el edificio de la Fundación Rockefeller.

El edificio atiende un programa de necesidades que venía a renovar el sistema pedagógico. Se trata de una arquitectura en ladrillo de gran simplicidad y a la vez de gran calidad estética y funcional que entra en perfecta armonía con el edificio del Instituto de Física y Química.

Por desgracia, entre 1942 y 1948 el arquitecto Sánchez Lozano realiza obras de reforma y ampliación para la instalación del Instituto Nacional de Enseñanza Media Ramiro de Maeztu, aumentando el número de plantas, construyendo un nuevo auditorio a modo de edificio exento y añadiendo una serie de molduras de piedra artificial que le hacen perder gran parte de su apariencia formal racionalista.

  

. Auditorio y Biblioteca, Arniches y Domínguez, 1931-33

Al finalizar la Guerra Civil y hacerse cargo el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de las instalaciones de la Residencia de Estudiantes y del Instituto-Escuela, se emprende la construcción de la capilla del Espíritu Santo sobre el antiguo Auditorium de la primera, obra de los arquitectos Arniches y Martín Domínguez, que fue uno de los puntos de mayor importancia cultural de Madrid de los años treinta.

A esta capilla se le da así un doble valor simbólico de acuerdo a concepciones culturales y religiosas del nuevo régimen, aunque el proyecto de Fisac aprovecha parte de los muros del Auditorium, por lo que queda impregnado de la concepción racionalista del mismo a pesar de ornamentarse con elementos tradicionales de la arquitectura española; recordando obras de Asplund y Böhn, sobre todo en la fachada de ladrillo con el gran óculo y la hilera de arquillos ciegos así como en el tambor cilíndrico con cúpula interior de media naranja -decorada con esculturas de Juan de Adsuara y pinturas de Ramón Stolz- sobre el altar mayor.

Asimismo, Fisac amplía en una planta la antigua biblioteca -construida en torno a un claustro cuadrado, que todavía se conserva y que se abría por un patio descubierto, hoy macizado, a la calle de Serrano-, en la que se instala la Biblioteca de la Sociedad Hispano-Alemana Goerres, cuyo interior muestra un espléndido techo ondulante que modula la luz con inspiración aaltiana.

. Escuela y Aulas Jardín. Arniches y Domínguez, 1933-35

El edificio se dispone paralelamente a la fachada trasera de la Fundación Rockefeller, conjugándose con su arquitectura sencilla y lineal. Es de destacar el grupo de seis aulas dispuestas en línea, con aseos y jardines independientes para cada una de ellas; a estos últimos se abren mediante grandes puertas vidrieras de 5 metros de longitud para que sirvan como prolongación de las clases, pudiendo darse éstas al aire libre. Entre cada dos jardines van dispuestos unos grandes voladizos de gran elegancia y sencillez -realizados con la colaboración de Torroja-, con bancos corridos que proporcionan descanso, sombra y resguardo contra el viento, además de un distintivo muy característico al conjunto.

Presenta además el edificio una serie de innovaciones técnicas como la calefacción por paneles, pavimentos de linóleo, cantoneras de goma en peldaños, etc., formando los muebles también parte del proyecto.
En los años cincuenta fue recrecido y desvirtuada la fachada posterior por la adición de un porche.

~ by lostonsite on 10 octubre, 2008.

Arquitectura, Edificios

One Response to “Cuando los chopos compartieron su colina”

  1. La rehabilitación deja mucho que desear , pues talaron en los años 90 los altos chopos que daban su nombre a la Colina de los chopos y además se hicieron obras ilegales en uno de los edificios, el transaltántico, destruyendo parte de un Refugio antiáereo que se encuentra desde 1938 en el subsuelo construido por la II República para el Hospital de Carabineros que dirigió mi abuelo el Dr luís Calandre.

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