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Cuando las aguas revelan sus secretos

TESOROS SUMERGIDOS DE EGIPTO

Antiguo Matadero de Legazpi
16 Abril – 28 Septiembre 2008

Canopo, Heraclion y los Barrios Reales de Alejandría son tres yacimientos que, desde hace 1200 años, fueron sepultados por las aguas del Mediterráneo.
Tras doce años de excavaciones submarinas se han podido recuperar numerosas piezas arqueológicas que datan entre el año 700 a. C. y el año 800 d. C., es decir, desde los últimos faraones autóctonos hasta el comienzo de la época árabe. La dinastía de los Ptolomeos (332 – 30 a. C.) es la época mejor documentada en estos yacimientos, proporcionándonos valiosa información sobre la vida religiosa y cotidiana.

Las piezas más antiguas pertenecen al siglo VII a. C., la llamada Baja Época. Es el periodo de la dinastía XXVI (664 – 525 a. C.), también conocida como la dinastía saíta, que liberó a Egipto de la ocupación asiria y proporcionó paz y prosperidad económica al pais. El comercio con el mundo helénico se intensificó hasta el año 525 a. C., cuando los persas tomaron el control del país.
En el año 332 a. C., Alejandro Magno conquistó Egipto, acabando con el reinado del persa Darío III. Fundó Alejandría a 35 kilómetros de Heraclion. A su muerte (323 a. C.), el general Ptolomeo heredó el poder de Egipto. Estableció sus cuarteles en Alejandría, convirtiéndola en un centro del saber con el Museo, la Gran Biblioteca y una universidad. Además, bajo su reinado se comenzó a construir el célebre faro de Alejandría. Pronto la ciudad se convirtió en una de las mayores metrópolis del mundo.
La dinastía ptolemaica o lágida terminó con el reinado de Cleopatra VII, que tras aliarse con Julio César y después con Marco Antonio, tuvo que ceder su reino a Octavio. Se suicidó en el año 30 a. C., convirtiendo Egipto en una provincia romana.

Hacia el año 42 se instaló en Alejandría la primera comunidad cristiana. Se construyeron muchos templos cristianos y el número de creyentes fue aumentándose. En el año 380, el romano Teodosio I declaró el cristianismo religión oficial del Imperio. Los violentos enfrentamientos que se produjeron entre cristianos y paganos desembocaron en la destrucción del Serapeum de Alejandría y el de Canopo. Cuando murió Teodosio I, en el año 395, Egipto se integró al Imperio Bizantino hasta que en el siglo VII fue conquistado por los árabes.

Canopo, Heraclion y el gran puerto de Alejandría fueron sepultados bajo las aguas tras un terremoto en el siglo VIII. Numerosos seísmos, en ocasiones asociados a maremotos, junto con otros factores, contribuyeron a que estos lugares se sumergieran desde hace 1200 años.

1. CANOPO

Canopo resultó definitivamente sumergida por las aguas hacia el siglo VIII. su parte oriental reposa actualmente en la bahía de Abukir, a 1,8 kilómetros de la orilla. Los hallazgos realizados mostraron que, probablemente, se trataba del emplazamiento del Serapeum y del monasterio cristiano denominado Metanoia (es decir, “Arrepentimiento”), que sirvió de refugio durante los conflictos religiosos que se produjeron en el siglo V.

– La estatua de la reina Arsínoe II. Siglo III a. C.: De las excavaciones arqueológicas se recuperaron fragmentos de monumentos y columnas, esfinges partidas, joyas y numerosas piezas de oro y bronce. Pero el hallazgo más deslumbrante de esta primera campaña fue una estatua de mujer delicadamente cincelada en granito negro.

Aunque no se han conservado la cabeza y los pies, el cuerpo resulta suficiente para apreciar su majestuosidad. Un efecto de transparencia permite contemplar las magníficas formas a través de un velo mojado (como si surgiese de las aguas) anudado sobre el seno derecho. Esto ha permitido determinar de que se trata de una reina de la dinastía ptolomeica, del siglo III a. C.

Es probable que se trate de Arsínoe II, que con frecuencia fue retratada como Afrodita, la diosa griega del amor que nació de las aguas.

– La Naos de las Décadas. Siglo IV a. C.: Desde el punto de vista histórico, el descubrimiento más importante de todos los realizados en Canopo, es el de cuatro fragmentos de la llamada “Naos de las Décadas”. Una naos era una especie de pequeña capilla que albergaba la estatua de un dios y que se colocaba en el lugar más sagrado del templo. Nectánebo I (reinó entre 380-362 a. C.) ordenó realizar la Naos de las Décadas en honor de Shu, dios de la atmósfera. El flanco izquierdo de la naos contiene un documento único de inestimable valor histórico en el que se narra la creación del cielo y las estrellas por Shu. Tras separar la bóveda celeste de la Tierra, el dios se convirtió en señor de las estrellas y por ello también en responsable de las previsiones astrológicas. A continuación, el documento explica la división de los 365 días del año en 36 décadas (períodos de 10 días), definida por una constelación de estrellas denominada decana. A cada decana le corresponden las previsiones destinadas al faraón y al Estado, determinadas por la influencia de las constelaciones sobre la salud, las relaciones de paz o de guerra… Es el primer texto conocido que asocia la astronomía y la astrología.

2. HERACLION

Esta ciudad se hallaba en la desmbocadura del ramal canópico, el brazo más occidental del Nilo, actualmente desaparecido. Los egipcios la denominaban Tonis, y los griegos Heraclion. Actualmente reposa a unos 6 metros de profundidad en la bahía de Abukir, a 6,5 kilómetros de la costa.

– La estela de Nectánebo I. 378 a. C.: Erigida por orden del faraón Nectánebo I en el primer año de su reinado (378 a. C.), en ella se manifiesta las tasas que deben pagar los comerciantes griegos que transiten por la ciudad de Tonis. La mención de Tonis en la estela encontrada en Heraclion confirma que Heraclion y Tonis eran una misma ciudad. Esta estela posee una réplica casi exacta de otra estela hallada un siglo antes cerca de Náucratis. De hecho, el dispositivo fiscal se instauraba para favorecer la construcción de un templo de la diosa Neit, situado en Náucratis.

– La estela de Ptolomeo VIII. Siglo II a. C.: Esta estela posee 6,10 metros de altura y llega a pesar más de 15 toneladas. Se alzaba en las proximidades del templo de Heraclion y se halló partido en múltiples fragmentos, como consecuencia del terremoto. En esta estela coexisten caracteres jeroglíficos y griegos, algo infrecuente. Los especialistas han llegado a descifrar datos que ilustran las preocupaciones del clero de Heraclion y las decisiones del rey.
En la parte superior se puede contemplar a Ptoloemo VIII acompañado de sus esposas Cleopatra II y III, oficiando ante Amón, la diosa madre Mut y una hilera de soberanos lágidas divinizados. Los textos, tras el tradicional elogio al rey, hacen referencia a diversos asuntos relativos a la vida religiosa local, y el interés de Ptolomeo VIII por los templos egipcios y sus sacerdotes.

– Los Colosos. 305 – 30 a. C.: También se hallaron cerca del templo de Heraclion dos colosos de granito rosa, de alrededor de 5 metros de altura cada uno, efigies de una pareja real. El rey y la reina, representada como la diosa Isis, porta la corona hathórica (un disco lunar flanqueado por dos cuernos de vaca), mientras que él está tocado con el pschent, combinando las coronas del Alto y Bajo Egipto, símbolo de su unión. Su única vestimenta es el tradicional shendyt, uno de cuyos faldones cae entre las piernas, lo que lo distingue de la vestidura de los dioses. A pesar de esta imitación del estilo de los Ramésidas, algunos detalles en la realización de estas estatuas, especialmente la delicadeza de modelado, prueban que se trata de una pareja de soberanos de la dinastía greco-macedonia de los Ptolomeos. La identidad precisa de la pareja no ha sido, hasta el momento, establecida.

3. ALEJANDRÍA

Alejandro Magno funda la ciudad que lleva su nombre en el año 331 a. C. Capital de la dinastía de los Ptolomeos, albergaba, además del célebre faro y la biblioteca, los palacios reales donde habitó Cleopatra, un gran templo consagrado al dios Serapis y santuarios erigidos en honor de Isis. Estos monumentos se alzaban a orilla del mar, despareciendo bajo las aguas de las bahías.

– Esfinge (Ptolomeo XII). Siglo I a. C.: En la pequeña isla de Antirodos se encontró un yacimiento rico en hallazgos. En la vertiente sudoeste de la isla, se encontró una explanada pavimentada y parcialmente hundida, un conjunto desordenado de columnas de granito rojo fragmentadas sin duda al caer a causa de un corrimiento del terreno. Allí, entre las losas intactas y los escombros, se alzaban dos magníficas esfinges: una de granito gris y rostro sonriente, la otra de diorita negra. A excepción de las huellas dejadas por la erosión y la corrosión, las estatuas se hallan en un excelente estado de conservación, y sus rasgos se aprecian con claridad. Tradicionalmente, las esfinges represntaban la cabeza de un faraón en un cuerpo de león. Estos dos ejemplares, que portan el nemes, tocado de los reyes, con los dos largos “faldones” que caen a ambos lados del pecho, no son una excepción. Sin embargo, a este estilo egipcio clásico se añade una fisonomía típicamente griega. Se puede deducir que nos encontramos ante dos de los últimos reyes Ptolomeos. El tratamiento del tocado permitiría atribuir el ejemplar de diorita a Ptolomeo XII, el padre de la gran Cleopatra, mientras que el de granito permanece actualmente sin identificar.

– Cesarión. Siglo I a. C.: Si consideramos su tamaño (80 centímetros), podemos deducir que la estatua completa debía medir unos 5 metros. La figura porta el nemes faraónico, pero la disposición de los cabellos recuerda la forma en la que se hacína representar los emperadores romanos. Los arqueólogos pensaron, en principio, que se trataba de Augusto (63 a. C. – 14 d. C.). Más adelante lo identificaron como Cesarión, el hijo de César y Cleopatra que reinó en Egipto con su madre bajo el nombre de Ptolomeo XV entre los años 44 y 30 a. C. y fue el último soberano de la dinastía lágida.

~ by lostonsite on 27 agosto, 2008.

Arte, Exposiciones

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